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Arriba, Enric Sala analiza organismos del Golfo de California. Barco de pesca cerca de la isla Tortuga en el golfo.

De niño, la proximidad de Enric Sala al mar fue una de muchas influencias sobre sus intereses en la ecología marina y la biología de conservación. Nacido y criado en Girona, a 32 kilómetros (20 millas) de la costa de Cataluña, España, Sala pasó muchos veranos memorables con su familia a lo largo del Mediterráneo, incluso aprendiendo a bucear antes de saber nadar.

Pero fue como estudiante en la Universidad de Barcelona que su amor por el mar se convirtió en una carrera. El haber presenciado de primera mano los efectos dramáticos de la pesca en los ecosistemas marinos lo dejó con una impresión indeleble.

"Cuando empecé a bucear frente a la reserva marina de las Islas Medes en la costa de Cataluña en el Mediterráneo, vi tantas diferencias sorprendentes entre la reserva y las áreas cercanas que habían sido pescadas," explicó Sala. "Las diferencias fueron muy dramáticas. Descubrí los efectos de la pesca sobre comunidades enteras. En ese momento decidí estudiar esa reserva marina en particular— y eso es lo que me llevó a las investigaciones que hoy hago.

Desde que se hizo miembro del profesorado de Scripps en julio del año 2000, las investigaciones de Sala se han enfocado en el impacto de las actividades humanas en los ambientes costeros, incluyendo los efectos directos e indirectos de la pesca. Investiga las interacciones entre las especies en redes alimenticias y el estado ecológico crítico para el éxito reproductivo de los peces costeros y para que mantengan poblaciones viables. De reciente, Sala fue nombrado director adjunto en el nuevo Centro de Scripps para Biodiversidad y Conservación Marina (vease entrevista con Enric Sala).

Aunque continúa estudiando la ecología costera del mar Mediterráneo así como los arrecifes de coral fuera de la costa de Belice en América Central; son sus investigaciones en el Gólfo Mexicano de California, también conocido como el Mar de Cortéz, que han llamado la atención y aclamación de otros científicos y funcionarios del gobierno.

Teníamos curiosidad. Nuestra curiosidad no era limitada, sino al alcance y sin limites como la de Darwin o Agassiz o Linnaeus o Pliny. Queríamos ver todo lo que nuestros ojos alcanzaran, a disipar lo que podiamos, y de nuestro ver y pensar, construir un tipo de modelo imitado de nuestra realidad observada.
John Steinbeck
The Log from the Sea of Cortéz